HISTORIA DEL MONUMENTO

Diseñada y construida entre 1902 y 1908 siguiendo el modelo de las casas nobles de la isla de Delos (siglo II a.C.), la Villa Kérylos no es una simple reproducción, sino una reinvención de la antigua Grecia.

La villa

Théodore Reinach y Emmanuel Pontremoli no querían una parodia, sino crear una obra original "con acento griego". La vivienda combina con sutileza el lujo antiguo y el confort moderno propio de las villas de la Belle Époque.

Para su construcción se emplearon los materiales más preciosos: estucos antiguos, mármoles de Carrara y maderas exóticas para el mobiliario. La decoración es suntuosa: mosaicos y frescos inspirados de escenas célebres que ilustran las grandes leyendas de los dioses y de los héroes clásicos.

La villa se organiza en torno al peristilo, amplio patio interior rodeado por 12 columnas de mármol de Carrara. En la planta baja se encuentran las salas de recepción, mientras que las habitaciones y los baños se distribuyen en el primer piso.

 

 

Kérylos significa «golondrina de los mares», un ave poética de la mitología que anunciaba dicha.

Como todas las villas de la Belle Époque, Kérylos sirvió también de residencia vacacional. Théodore Reinach gustaba de pasar aquí sus vacaciones en familia. Tras su muerte, en 1928, por expreso deseo la villa fue donada al Instituto de Francia, institución de la que era miembro. Sus descendientes siguieron frecuentando la villa hasta en 1967, fecha en que fue declarada monumento histórico.

Théodore Reinach

Esta formidable obra respondió ante todo a la voluntad de Théodore Reinach, que bien podría haber sido un hombre del Renacimiento, dadas sus múltiples facetas de conocimiento y su insaciable curiosidad.

Nacido en 1860 en el seno de una familia de banqueros de origen alemán, desde joven demostró unas capacidades intelectuales excepcionales, como sus dos hermanos, Joseph y Salomon. Théodore destacó en este multitalentuoso trío de hermanos apodados "los sabelotodo". Fue jurista, arqueólogo, numismático, historiador, musicólogo y matemático. Desarrolló además una carrera política en París y en Saboya, donde fue elegido diputado en 1906. Su pasión por la antigua Grecia lo convirtió en uno de los helenistas más destacados del siglo.

De su encuentro con el arquitecto Emmanuel Pontremoli nació una obra colosal, un hito arquitectónico que sumerge al visitante en un universo donde la quintaesencia de la civilización griega se combina con la modernidad tecnológica de principios del siglo XX.

 

 

Théodore Reinach no solo creó una casa griega, sino que reconstituyó los muebles, la vajilla, los tejidos y la decoración. La villa Kérylos supone la culminación de una investigación tanto artística como intelectual. Para él la democracia tenía sus raíces en Grecia y deseaba perpetuarla a través de su obra. La villa Kérylos representa por tanto no solo un testimonio de aquel estilo de vida, sino también un homenaje a una civilización eminentemente antropocéntrica.

Su nieto, Fabrice Reinach, lo resumió perfectamente del siguiente modo:

«Yo creo que fue más bien la realización y la culminación ─más allá de sus amplios conocimientos, de sus múltiples actividades y trabajos─ de lo que representaba para mi abuelo la esencia misma de una civilización con la mirada puesta en el ser humano como fue la de los griegos y sus dioses y su arte, un modelo y un método de razonamiento, un conjunto de valores literarios, políticos y filosóficos heredados de la antigua Grecia. Ese "espíritu griego" fue para él sueño y realidad, memoria y presente».